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lunes, 15 de noviembre de 2010

Anillo saltarín

El día que se dio permiso para ser libre, perdió el anillo en el metro.
Saltarín y travieso, el anillo fue a parar a los pies de aquél viajero que aquella misma mañana perdió el miedo al compromiso. 
Tan sólo llevaba tres meses de casado y ya había perdido en un par de ocasiones su anillo de boda. Las dos veces en su lugar de trabajo.
Al preguntarle por su relación se dio cuenta de que el anillo le venía muy grande, o tal vez era su dedo anular el que no tenía el suficiente grosor.

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