-Estupendo, cariño… ¡ya puedes empezar a utilizarlas para construir todas las palabras!
-Ayúdame ahora mismo… que quiero utilizar todas la letras para escribir las palabras buenas del mundo, así no quedará ninguna para las malas.
Apenas superaba el metro de estatura y sin embargo tenía la capacidad de hacer enfurecer al maestro que le daba clases de gramática. Era tal su empeño por inventar nuevas palabras que sus profesores buscaban la forma de frenarlo, recriminándole que para comunicarse no se ciñera a las ya inventadas.
El pequeño pensó: “Estos educadores sólo saben caminar por las sendas inventadas, les da pánico construir nuevas vías. Han olvidado la capacidad de explorar”
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